Reencuentros
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Las personas y las cosas que tienen que voler a uno, vuelven. Me gusta cuando vuelven después de mucho tiempo y no lo esperas. Quizás ese primer reencuentro da miedo. Pero cuando es lo que tiene que volver siempre es grato. Igual que despedirse de lo que se tiene que ir también es grato. Sobre todo a la larga. Desde la distancia.
Reencuentros:
Día a día durante un largo Erasmus en Ljubljana se convirtió en un amigo muy cercano. Nos veíamos casi todos los días para una cerveza, una fiesta, para trabajar un poco o charlar. Duró doce meses; luego volvimos. Él a Valencia, yo a Madrid. Y la distancia nos separó pero solíamos hablar de vez en cuando. Luego llegó un viaje a la ciudad que compartimos (habia pasado un año) . Y allí los reencuentros me envolvieron y devoraron. Busque a Masa: la mujer de la que me enamoré perdidamente desde una cercanía inusual que siempre fue distante y me perdí. La ciudad daba vueltas y sólo caminaba sin rumbo entre calles estrechas. Me sentí tan ageno a donde había pasado tanto tiempo; de golpe nada allí me pertenecía.
A la vuelta pasé doce meses sin hablar con Miguel y el viernes me llamó. Vive en Amsterdam y una de sus visitas familiares le traía a Barajas. Quedamos en Bravo Murillo. No conociamos la zona así que andabamos con rumbo tenue y sin prisas, mirandolo todo. Se parecía a nuestros primeros días allí. Luego cenamos y charlamos, y charlamos y nos pusimos al día. De camino hacia Nuevos Ministerios nos despedimos, quedamos en hablar pronto.
Ahora toca escribirse y llamarse y busar un hueco para vernos lejos de Ljubljana.
Ljubliana, qué ganas de conocer sitio tan bonito!
Intuyendo que el contexto es otro, me han venido al leerte sin embargo unos versos de un poema de Daniel: