La industria de la moda se separa de la moda en su versión alta costura. Cada vez son menores las ventas de los diseños a medida y cada vez más empresas como Zara o H&M están más presentes (también en lo local)
La moda siempre ha sabido aventurarse en el camino al cambio para mantener su forma de vida. La creación de los modistos de nuevas esculturas móviles y la industria que las mantiene.
En el periodo de entreguerras ya aparecieron modistos que supieron captar el ambiente de la época. Poiret, que se arriesgó eliminando el corsé, eliminando la armadura impuesta a la mujer en el siglo XIX, comenzando la batalla de los trajes con cortes sencillos, dando a su silueta más libertad de movimiento.
O una idea genial de después de la guerra. Marcel Boussac a la vuelta de los soldados demostró una gran percepción del mercado industrial textil. Compró el “tejido de aviación”. Una lona leve de color caqui que daba un toque heroico-militar y que él confeccionó dándole forma de pijama.
Había que democratizar la moda. Conociendo las limitaciones y las potencialidades de cada uno, Francia y Estados Unidos se aliaron para crear la gran idustria. Unos aportaban estilo y los otros la maquinaria que haría posible la expansión de las nuevas tendencias.
Fue el momento de Christian Dior y el new look, del primer europeo en los salones americanos. Con prendas “listas para llevar”. Aunque un grupo de mujeres organizadas “The Little Below the Knee Club” no estuviera muy de acuerdo con los precios y la ropa exageradamente larga que se proponía desde París.
Creo que no me aventuro demasiado cuando digo que a través de la moda podemos ver la evolución de los valores de cada década o momento. Después de Poiret, Channel ve las necesidades de una mujer que ya empieza a trabajar en el mercado laboral. Ya no solo es libertad de movimiento, también es comodidad, la del día a día. Después del declive de la guerra se imponen el “new look” y su opuesto y más práctico “flat look” de Dior.
A finales de los 60, los vestido trapecio de Yves Sain Laurent y el vestido- túnica ( traducido a vestido-saco para elpret-a-porter) de Balenciaga hicieron posible la definitiva democratización de la moda, el pret-a-porter. La clave era que esas formas ampilas eran fáciles para el corte industrial. Ya en 1969 Pierre Cardin abrió la primera tienda pret-a-porter en los grandes almacenes Printemps de París, no contó con el apoyo de la Cámara Sindical de la Costura lo que hizo que Yves Saint Laurent dijera “No fui yo quien cambio, fue el mundo. Éste cambiará siempre, y nosotros estamos eternamente condenados a adaptar nuestras maneras de ver, sentir y jugar”
La moda siempre ha estado activa y ligada al arte. Courrés presenta a una nueva mujer “moon girl” con nuevos tejidos y colores. El Club de la Alta Costura lo sanciona por saltarse las reglas y en 1967 Paco Rabanne crea el primer vestido de plástico, viste maniquíes negras y viste a Brigitte Bardot con una malla transparete… desde de los 70 el cambio de valores y la reducción del poder adquisitivo hasta mediados de los 80 el mercado disminuye y hace al modisto doblegarse a la alta costura, también es el momento de Christian Lacroix, el último en integrar la alta costura con su estilo barroco, dandole un aire nuevo.
A la vez un público joven, cada vez más exigente desea crear su propia forma de hacer moda en consonancia con sus tendencias más prfundas. En los 90 hay otro boom de dieñadores jóvenes y destaca la escuela de moda de Amberes. A finales de los 80 Commes de Garçons presenta el estilo “clochard” (vagabundo) y un tiempo después en elpret-a-porter el estilo customizado se impone ganando adeptos. Es mejor comprar ropa barata para cortar y remendar. Y en España ahí está Zara para dar precios bajos.
En 1968 Balenciaga se retiró y dicen que pudo haber sido casual o haber sido su intuición que le mostraba el declive que iba a acontecer. Cuando murío Yves Saint Laurent hace unos meses se decía que ya no quedaba ninguno de los grandes maestros de la moda. A la alta costura le queda confiar en una nueva generación de modistos que sepan adaptar los valores de la sociedad de hoy a trajes que transmitan tendencias. Para su consuelo y para el del pret-a-porter por extensión, creo Nicolas Guesquière es el próximo gran modisto que dará un aire nuevo al arte de la moda, que ya lo está dando.
Mientras tanto, la moda a pie de calle se la llevan las grandes corporaciones que como Zara o H&M venden barato y copian tendencias. Ellas son mercado, han sabido ver cómo funciona, se han adaptado y lo están haciendo bien.
Como decía Yves Saint Laurent “hay que adaptar nuestra manera de ver, sentir y jugar” porque lo que menos importan son las tendencias claras y precisas.